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El Pomeranzengarten de Leonberg: un trozo de Italia olvidado en Suabia
Bajo el castillo de Leonberg se esconde algo que en realidad no pinta nada aquí: un trozo de Italia. Un jardín aterrazado del Renacimiento, guardado por cuatro torrecillas, adornado con fuentes y obeliscos, en pleno centro de una pequeña ciudad de Wurtemberg. El único jardín de esta clase reconstruido por completo en toda Alemania.
Pero la verdadera historia no es el jardín. Es la mujer que lo quiso.
Una duquesa que hacía medicina con flores
1609. La duquesa Sibylla de Wurtemberg, de 45 años, viuda, se instala en el castillo de Leonberg como residencia de viudedad. Su hijo Johann Friedrich también podría haberla enviado a otra parte: a Alsacia o a Beilstein. Pero Sibylla quería ir a Leonberg. Lo que vino después no fue un retiro cualquiera. Sibylla encargó al célebre arquitecto Heinrich Schickhardt un jardín de recreo principesco al modo italiano. Con Pomeranzen: naranjas amargas, entonces tan raras y tan valiosas que su mera posesión bastaba para señalar poder y mundanidad. Pero Sibylla no era mujer que se conformara con bonitos parterres. Junto con su amiga Helena Magenbruch, boticaria de la corte e hija de un médico, experimentaba con plantas medicinales y elaboraba sus propios remedios. El jardín era paraíso y laboratorio a la vez. En una época en la que las mujeres apenas tenían acceso a la ciencia, una duquesa investigaba en Leonberg la medicina de las plantas. Cinco años más tarde, en 1614, Sibylla murió. Solo llegó a los 50 años. Su jardín le sobrevivió, al menos durante un tiempo.
Olvidado, asilvestrado, renacido
Tras la muerte de Sibylla, el jardín perdió su razón de ser. El castillo acabó convertido en delegación de Hacienda y tribunal regional. Ya nadie se ocupaba de naranjas amargas ni de fuentes renacentistas. El jardín se asilvestró y los parterres desaparecieron bajo la maleza. Hasta 1980 no decidió el estado federado de Baden-Wurtemberg reconstruir el jardín según los planos originales de Heinrich Schickhardt. Lo que hoy ven los visitantes no es una fantasía: es el proyecto de 1609, devuelto a la vida. Cuatro torres de esquina, dos fuentes de copa y una fuente octogonal con obelisco en el que está grabada la dedicatoria de Schickhardt a la duquesa. Los parterres cambian con las estaciones: tulipanes y narcisos en primavera, peonías en verano. Y después de los santos de hielo llegan las Pomeranzen, como hace más de 400 años.